domingo, 19 de julio de 2009

La Mejor Latitud

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ILY, óleo sobre tela. Xilotl, 2007



La mejor latitud*


La mejor latitud para los amantes
no está en el juego del encuentro
de los fuegos artificiales con las nieves polares
en medio del murmullo del sentido táctil
de los roces prematuros a los goces de la nada.
La mejor latitud para los amantes
no es el polvo ni la ceniza
ni el agua tibia que brota de los cascos de una bala
que suicida a la conciencia de permeada
blanca raya.
La mejor latitud para los amantes
no está en la estación en la que espero
a las miradas aladas que me queman
y a la lluvia que pardea el cielo
o a ti que al vuelo de los trenes
dices adiós para siempre y todo el tiempo.
La mejor latitud para los amantes
no es un número al que puedas llamar,
la mejor latitud para los amantes
no está en la diversidad taciturna
de los pinos y sus jugos,
de la cópula y sus frutos ácidos,
adictos al océano.
La mejor latitud para los amantes
corre por mis venas,
te electrifica las piernas.
La mejor latitud para los amantes
no es la danza, el lodo
o la mariguana
que pierden propiedad frente a la gramática
de los padres ancestrales muertos por el hambre.
La mejor latitud para los amantes
no está en el violín o en la guitarra,
o en el cadáver del recuerdo,
del silencioso recuerdo;
de ese que aniquila las falanges.
La mejor latitud para los amantes
no está en el sobrepeso de la fe,
o en la dieta de las escamas en la piel
hecha de hongos de violeta, y de café.
La mejor latitud para los amantes
no está en el fin sino en los medios,
no está en el corazón sino en los dedos.
La mejor latitud para los amantes está en ti.
La mejor latitud para los amantes está en mí.
Está en los dos, cada vez que deshacemos el amor.
Punto


*Incluído en "El Impulso de Tocarlo Todo", Ediciones El Viaje, Guadalajara, Jalisco, México, 2009.

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